domingo, 11 de mayo de 2014

Ciclo II Vampiro: La muerte tenia un precio

una nueva llamada, una nueva misión, una nueva noche. El sire ha convocado a seis de sus vástagos para neutralizar una amenaza surgida del propio descuido de los vampiros; Los cazadores de vampiros.

El sire solo puede proporcionar los datos que le han dado sus servicios de contactos: Unos individuos con el pelo muy corto, nuevos en la ciudad y con pinta de clérigos rastrean las calles y hacen fotos con unas cámaras que captan el aura de los seres, las especulum, una evolución de las cámaras Krilian.

Nuestros vampiros fueron enviados a registrar la ciudad y tras varios chascos, los propios cazadores encuentran a uno de los malkavian, rápidamente y aprovechando que solo es uno le dan caza con sus pistolas ballesta disparándole e hiriéndole casi mortalmente con los virotes de plata. El malkavian huye y se esconde dando tiempo a sus compañeros a emboscar y acabar con los cazadores provocando el vuelvo de un coche en el proceso. Tras asegurarse de la muerte de todos, los vampiros se llevan uno de los cuerpo para investigarlo olvidándose del malkavian que vuelve a su refugio.

La vampiresa Annah descubre mediante la sangre del cadáver que su base se haya en la ermita de santa y tres de ellos se dirigen hacia allí mientras los otros dos (el toreador y el ravnos) van en busca del malkavian.
Para el malkavian ya es tarde, pues a sido encontrado y ejecutado por los miembros de Iscariote XIII, quienes entran en lucha brutal con los dos vampiros; el ravnos muere y el toreador decide chivar los refugios de los vampiros que conoce a cambio de su propia seguridad, así pues escapa y se va de la ciudad.

Mientras tanto los los otros tres vampiros asaltan la ermita donde se hayan los refuerzos de Iscariote; acaban con los pocos que quedaban y se llevan toda la información posible del lugar.

No obstante el mal esta hecho, sus domicilios no son seguros aunque aun no lo saben, su única oportunidad es atacar a los cazadores ahora que están debilitados...y rezar por ser ellos los que prevalezcan

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